Lo que la máquina no ha hecho nunca
Un modelo de lenguaje no consulta nada antes de responder: calcula la frase más probable. Para una receta de cocina, sirve. Para la sección de una acometida, el par de apriete de un tornillo, la pauta de un medicamento o un asiento en el libro diario, la frase más probable puede estar mal —y suena exactamente igual que la correcta.
Por eso las empresas que entrenan estos modelos pagan a gente de oficio para corregirlos. No hace falta programar. Hace falta haber pasado muchos años en una obra, en un taller, en una planta o en una consulta, y decir con fundamento dónde falla.
Veinte años de oficio no caben en un curso en línea. Justo eso es lo que se compra.
Por qué el español de aquí
Los modelos han aprendido casi todo en inglés y, en español, sobre todo con texto de América. Un modelo escribe «computadora» donde aquí se dice ordenador, «plomero» donde se dice fontanero, y trata de usted a quien tutearía cualquiera. En enero de 2025 el Gobierno presentó ALIA, una familia de modelos públicos entrenados en el Barcelona Supercomputing Center en castellano y en las lenguas cooficiales de España —existe porque los otros no lo hacen bien. Este sitio no tiene relación con ese proyecto.
- El Oficio: juzgar respuestas sobre su trabajo: fontanería, electricidad, sanidad, contabilidad. Con inglés.
- La Lectura: leer textos de la máquina en español y marcar lo que suena a traducción, a América o a error.
- La Voz: grabar frases con el acento que tenga: andaluz, canario, gallego, manchego. Todos hacen falta.
Antes de fichar
No es un empleo. Se paga por tarea, y las tareas vienen a rachas: un proyecto abre, dura unas semanas y cierra. Las altas tardan, las pruebas no las pasa todo el mundo, y algunas plataformas no admiten a residentes en España. No publicamos cantidades —dependen del oficio, de la lengua y de la semana.
Cuatro preguntas, un minuto, sin cuenta. El resultado llega por correo.